La disyuntiva del cautiverio

Por Jimena Belgrano

Es de creencia popular que los animales en cautiverio son “felices” y “siempre están bien cuidados”, la realidad es que sufren por estar privados de la libertad. Cuando se extrae del estado silvestre a un animal, en general se rompe un equilibrio implícito en la naturaleza, particularmente en el caso de aquellos animales que presentan fuertes lazos sociales, a esto además se le suma la alteración del vínculo que este ejemplar tenía con su congéneres.

En general esta extracción de animales de la naturaleza incluye a varios individuos, y muchas veces no todos sobreviven durante las operaciones de captura y traslado, por lo que el animal que visitamos en cautiverio puede ser el sobreviviente de muchos otros capturados.

Una vez atrapados, los animales son confinados a recintos pequeños, que en nada se pueden comparar con su ambiente natural, y en general son obligados mediante incentivos (como la comida) a efectuar shows circenses con el solo fin de entretenernos y que nada tienen que ver con su comportamiento en libertad.

En el caso de los cetáceos, como los humanos, muchas especies pueden preferir a ciertos individuos o tienen más afinidad con unos que con otros, sin mencionar la competencia entre congéneres o los animales que en libertad viven en grupos sociales con estrechos vínculos entre ellos.  Por citar un solo ejemplo, la Orcas viven en grupos familiares que son matriarcales, en los cuales cada integrante del grupo posee profundos lazos sociales con el resto. Cada individuo cumple un rol único en ese grupo, por lo que, cuando se lo separa se está dañando no sólo al individuo sino a todo su grupo familiar.

Conociendo todos estos detalles… ¿Se justifica tanto sufrimiento de estos animales con objetivos que embanderan la educación y conservación? En mi caso personal sí tengo una respuesta conociendo lo que pasa.

La siguiente pregunta que muchas veces uno se hace: ¿Qué puede hacer uno desde su lugar? Lo más importante es no contribuir con la industria del cautiverio, que en la mayoría de los casos poco tiene que ver con el bienestar animal, ni los objetivos de la conservación y educación. Una respuesta es NO VISITAR ESTE TIPO DE INSTALACIONES. Tratar de llevar a nuestros hijos a ver a los animales en libertad, y si esto no está a nuestro alcance, hoy la tecnología nos aporta muchas herramientas que pueden suplir visitar un lugar a expensas del sufrimiento animal.

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