Un cambio en la visión del mundo que nos rodea

Por Jimena Belgrano

Este año se cumplen 12 años desde que se inició el Proyecto Ballena franca austral en la Fundación Cethus. Desde que comencé a transitar este camino, muchas cosas han cambiado, no sólo en lo laboral, sino en la forma que miramos al mundo que nos rodea. Vivimos en una era en la que somos testigos de la extinción de  las especies  y los seres humanos somos los responsables. En 2007 se avistó por última vez un Baiji, también llamado Delfín del río Yangtze (Lipotes vexillifer), y desde 2008 se lo considera posiblemente extinto en China; en el 2011, fue declarado extinto el  Rinoceronte negro de África Occidental (Diceros bicornis longipes), sólo por nombrar dos especies de mamíferos.

Pero también hubo cambios positivos, la visión de la gente en relación al medio ambiente, por ejemplo. Hoy no es ajeno a nadie que somos sólo un engranaje en el planeta y todo lo que hacemos tiene consecuencias. Nadie es indiferente que lo estamos dañando, y  mucho, y que debemos hacer algo para revertirlo, que depende de nosotros. Hoy los que trabajamos tratando de aportar nuestro granito de arena para dejarles un mundo un poco mejor a nuestros hijos ya no somos vistos como los “locos” que quieren salvar el planeta, por decirlo de alguna manera. Cada vez hay más “locos” que trabajan por tratar de dejarles un legado mejor a las próximas generaciones.

Si bien vivimos en un mundo con más problemas, como la extinción de especies, degradación del hábitat, contaminación, hoy estos problemas son parte de la agenda oficial de los países, se discuten en distintos foros internacionales, como La Comisión Ballenera Internacional (CBI), La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), por citar algunos en los que desde la Fundación Cethus participamos.

Hoy en día existe una nueva visión de los cetáceos, como un recurso, esto es que si están vivos valen más económicamente que si mueren. El turismo de avistaje es una muestra de ello, que además de mantener a los animales vivos, hace que el ambiente donde viven deba conservarse, y, por otro lado, genera recursos económicos, mejorando la calidad de vida, no solo directamente a las personas involucradas en el avistaje, sino a la comunidad donde éste se realiza.

Si bien el futuro es incierto, en la medida que haya cada vez más personas que se den cuenta que somos sólo un eslabón en el ecosistema, podremos dejarles un mundo mejor a nuestros hijos.

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